Este verano tenía una semana de vacaciones perdida en medio de Julio, nadie con quien poder hacer nada en esos días y ningunas ganas de quedarme en casa. Con estos ingredientes decidí irme de viaje yo solito a conocer mundo. Ya tenía la intención pero faltaba el destino.
Después de un rato pensando y dándole vueltas me quedé con Roma y Madeira, una monedita al aire y a comprar los billetes rápidamente.
El destino final fué la ciudad eterna y la experiencia genial. Cuando vas solo cuatro días dan de sobras para ver todo lo que sale en las guías y alguna cosita más que también deberían poner.
Esto de viajar solo tiene, cómo todo, sus ventajes e inconvenientes:
Ventajas: Puedes comer cuando quieras y donde quieras, puedes echar la siesta en el banco de la Villa Borghese, puedes hacer unos 15 kms al día y salirte del mapa turístico para descubrir la otra Roma (que no es necesario que visitéis…). Otras cosas que puedes hacer cuando viajas solo es grabarte en video y ver cómo la gente te mira raro mientras hablas con una cámara de fotos. Lo mejor de todo esto es que cómo no te conocen tampoco da mucha verguenza.
Desventajas: No puedes compartir al momento tantas experiencias con nadie pero para eso está la cámara y unos amigos con muuucha paciencia, capaces de tragarse más de 500 fotos de una sentada con su correspondiente explicación.
En resumen el viaje fué una gran experiencia y no descarto volver a hacer otra escapada solo.
Esta vez las fotos más personales están en Facebook, donde sólo quien yo quiera las va a ver.



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